lunes, 8 de septiembre de 2014

DOCUMENTAL: LUCES DEL INGENIO


  • En 2012 se solicitaron en España casi 6000 patentes de inventos. Se conceden el 80%
  • En términos de proporcionalidad por población, por cada solicitud que se tramita en España, se tramitan 8 en Alemania, 9 en Suecia ó 20 en Suiza
  • La patente otorga los derechos exclusivos de explotación de un invento durante 20 años. Transcurrido ese plazo, pasa a ser de dominio público
  • Se estima que sólo el 3% de los inventos que se patentan consiguen implantarse en el mercado

Dice el diccionario que “inventar” es hallar o descubrir una cosa nueva o no conocida. Un invento es, por tanto, una aportación, una solución desconocida hasta que el ingenio de alguien –el inventor- la puso a nuestra disposición.
El progreso de la humanidad cabalga a lomos del ingenio humano. Todos los objetos que nos rodean tienen su origen en una idea, a veces una simple ocurrencia.
Pero son muchas más las ideas que no logran traspasar la barrera que separa la teoría de la práctica, los inventos que se quedan en proyecto, o que ni siquiera llegan a formularse. Porque el proceso para materializar una idea es complejo.
Poner un invento en el mercado supone la mayoría de las veces un largo recorrido de diseños, prototipos, patentes, estrategias, asesorías… Al final, sólo unos pocos consiguen el éxito. No más del 3% de las patentes consiguen abrirse paso en el mercado.

De la idea a la patente, de la patente al mercado

La patente es una modalidad de propiedad industrial que protege los derechos del inventor. Otorga la titularidad sobre el invento y así evita que otros puedan copiarlo o producirlo sin consentimiento del creador.
Las patentes tienen una duración de 20 años; hay otra modalidad de protección industrial, denominada modelo de utilidad, cuya duración es de 10 años. Transcurridos esos plazos, el invento para a ser de dominio público. La tramitación de una patente puede durar hasta año y medio; cuesta entre 600 y 1.200 euros, si se trata de una patente nacional.
Estados Unidos, Japón, China, Corea del Sur o Alemania son los países que habitualmente encabezan el listado mundial de patentes registradas. En España el pasado año las solicitudes de patentes no llegaron a 6.000 -el 80% se conceden-. En términos de proporcionalidad por población, por cada solicitud que se tramita en España, se tramitan 8 en Alemania, 9 en Suecia o 20 en Suiza; parece claro que la propiedad industrial sigue siendo una asignatura pendiente en nuestro país.
Una vez registrada la patente, el inventor se enfrenta a otra complicada tarea: abrirse paso en el mercado. Muchos deciden ceder a terceros la explotación de la patente, otros se aventuran a producir y comercializar su invento. No más del 3% consiguen implantarse con éxito.
Manuel Matellán, director del Club de Inventores Españoles, considera que lo más difícil en el proceso de transformar una idea en negocio es, precisamente, encontrar los aliados adecuados, la estrategia idónea. Y algo sabrá del asunto, él lleva 30 años asesorando a inventores.
Los caminos del ingenio
En Barcelona, hace 3 años, abrió sus puertas el único museo de España dedicado a la inventiva, el Museo de las Ideas y de los Inventos (MIBA). Además de mostrar los trabajos de inventores de diversas partes del planeta, el museo dedica gran parte de sus actividades al estímulo de la imaginación desde la edad escolar. Para ello han desarrollado un programa pedagógico, denominado La Caja del Inventor, destinado a los centros de enseñanza.
El impulsor y director del MIBA, Pep Torres, considera que lo más importante no es la idea, sino tener el convencimiento de que puede realizarse. Esos son los inventores, quienes son capaces de dar forma al ingenio.

El conocimiento, la investigación…

Gran parte de los avances que se patentan proceden de universidades y centros de investigación o de desarrollo tecnológico.
Celia Sánchez-Ramos es un buen ejemplo de inventora-investigadora. Es profesora y dirige un laboratorio en la Facultad de Óptica de la Complutense; pero además preside Alta Eficacia, una empresa ligada a la Universidad –una spin-off- que comercializa los productos desarrollados en el laboratorio. En 2009 fue considerada Mejor Inventora del Mundo por la Organización Mundial de Patentes y Marcas, por haber desarrollado un filtro que atenúa el efecto nocivo de la luz sobre la vista. Este filtro, denominado CSR, está ya en el mercado, se exporta a medio mundo. Sus beneficios revertirán sobre la Universidad, titular de la patente.
Celia Sánchez-Ramos ha recibido también el máximo galardón del Salón de Ginebra, el más prestigioso certamen internacional de inventores, por un sistema de reconocimiento de personas por córnea más fiable otros sistemas, como las huellas dactilares o el análisis del iris.
En el caso de José Luis López, premiado como Mejor Inventor del Año por la Oficina Europea de Patentes, ha sido fundamental el respaldo de su empresa –Talgo- a los procesos de innovación. Ya jubilado, este ingeniero ferroviario ha desarrollado un sistema de optimización de la rodadura de los trenes sobre el rail, evitando vibraciones y ruidos, lo que mejorará el confort de marcha. Lo disfrutarán los pasajeros de la próxima generación de trenes de alta velocidad de Talgo, los Avril.
No es el único invento de José Luis López, a lo largo de más de cuatro décadas de trabajo ha patentado una veintena de avances que han ido incorporándose a procesos de producción.
Todo inventor tiene mucho de visionario, de adelantado a su tiempo. Es el caso de Juan de la Cierva. Su cabeza no para. A sus 84 años vive sólo, en una residencia a las afueras de Madrid, sólo con sus ordenadores, sus fórmulas y sus proyectos. El último, el Heligiro, será el helicóptero más rápido del mundo (alcanzará 600 km/h). Tras 9 años de trabajo ha concluido el desarrollo. Confía en poder construirlo en Madrid.
La historia de este Ingeniero de Telecomunicaciones es apasionante. Siendo aún estudiante de la Escuela de Ingeniería participó en la puesta en marcha de la televisión en España; él construyó los receptores que captaron la primera emisión, en pruebas, de TVE.
Ha desarrollado casi toda su carrera profesional fuera de España, en Cuba y en Estados Unidos. Tiene más de 40 patentes registradas, una de ellas el Dynalens, un estabilizador de imagen para cámaras audiovisuales que le valió un Oscar técnico de Hollywood en 1969.
En su caso la pasión por inventar tal vez sea cuestión de genes, es sobrino de Juan de la Cierva y Codorniú, uno de los grandes inventores españoles, creador del autogiro, el precursor de los helicópteros.
De la Cierva y el autogiro, Isaac Peral y el submarino o Torres Quevedo y sus numerosos desarrollos (calculadoras, autómatas, transbordadores, el ajedrecista automático…), nombres destacados de la inventiva en España, genios creadores al amparo de la ciencia, del conocimiento. Otros consiguieron triunfar por una vía más sencilla…

… la ocurrencia.

En 1937 Alejandro Finisterre patentó el futbolín. Finisterre, combatiente republicano en la guerra civil, tuvo la idea cuando se recuperaba en el sanatorio de Montserrat de las heridas sufridas en el asedio a Madrid. Así, los niños mutilados por la contienda podrían seguir jugando, de otra manera, al fútbol.
A Manuel Jalón, ingeniero aeronáutico del Ejército del Aire, se le ocurrió acoplar un mango al trapo de fregar y poner un escurridor al balde. Patentó el invento en 1956, creó una empresa y vendió más de 60 millones de fregonas el todo el mundo. En 1989 tendría otra ocurrencia de éxito: la jeringuilla hipodérmica desechable.
El catalán Enric Bernat puso un palo a los caramelos para que los niños no se ensuciaran los dedos al sacárselos de la boca (“sería como comer un caramelo con tenedor” decía Bernat). El primer Chupa-Chups salió al mercado en 1958.
El futbolín, la fregona, la jeringuilla desechable, el chupa-chups… inventos españoles reconocidos en todo el mundo. Sus creadores supieron ver una necesidad que para los demás había pasado totalmente inadvertida.
De la misma manera ideó José Luis Gálvez el Happylegs, un aparato que mueve las piernas y activa la circulación sanguínea mientras el usuario está cómodamente sentado.
Francisca Gamero ha inventado un pequeña prótesis de silicona que corrige las orejas de soplillo, se llama Otostik. Lluis Coma ha desarrollado el Blokystar, un simple y útil tope para puertas y ventanas. Inventos made in Spain que se abren paso en el mercado, traspasando incluso nuestras fronteras. Otros siguen intentándolo.
Luis José Díaz espera conseguir el apoyo necesario para que su Foldingroofbox, un cofre portaequipajes plegable para automóviles, pueda fabricarse y venderse. Hasta ahora el invento se ha costado tiempo y dinero, pero confía en colocarlo entre ese 3% de patentes que consiguen el brillo, más o menos intenso, del éxito.

No hay comentarios:

Publicar un comentario