martes, 1 de julio de 2014

Tecnología de bajo coste de países empobrecidos


En los últimos años ha explotado en el mundo en desarrollo un modelo de innovación que trata de dar solución a sus problemas haciendo de la necesidad virtud.Tecnologías y diseños baratos triunfan en sus países de origen y se exportan al primer mundo gracias a su eficiencia y sencillez




Daiub Esteban Odón. Aspecto del sistema facilitador de partos de origen argentino respaldado por la OMS.

A comienzos de la década de 1990, el doctor Therdchai Jivacate comenzó a trabajar en una idea revolucionaria: proporcionar prótesis a los ciudadanos de Tailandia a un precio razonable. Probablemente, la clave de esta historia radica en el concepto “razonable”. ¿Acaso es razonable pedir hasta 20.000 dólares por una pierna ortopédica en un país en el que se ganan 2 dólares al día? Therdchai Jivacate pensó entonces que lo razonable para un campesino tailandés era pagar unos 30 dólares por esa prótesis. Y, gracias a su espíritu innovador, convirtió lo sensato en real. A partir de botellas de yogur bebible, su fundación moldea piernas y pies ortopédicos que hacen la vida más fácil a miles de personas.

Es una solución barata, pero no de baratillo. “Aunque pueda sonar contraintuitivo, la calidad exigida por la gente pobre tiende a ser más alta que la calidad exigida por los ricos“, explica Vijay Govin­darajan, uno de los hombres que mejor conoce este tipo de apuestas por la innovación desde los países en desarrollo. Los habitantes de las zonas rurales de Tailandia no necesitan las prótesis para pasear por las aceras de una gran ciudad occidental, sino para meterse en los arrozales, transportar bienes en bicicleta o subir a los árboles. Por eso, la ortopedia debe ser más duradera, resistente y manejable.

“Se trata de exprimir el paradigma de rendimiento ofreciendo más por menos”, resume Govindarajan, creador del término “innovación inversa” (reverse innovation), que define estos estallidos de ingenio que surgen donde la necesidad aprieta, en países del Sudeste asiático, de África o América Latina, y cuyos logros pueden exportarse hacia el primer mundo. Hoy, mientras algunas de las víctimas del atentado del maratón de Boston sufren todo tipo de penurias para costearse una prótesis, los damnificados por las minas de Laos, Birmania, Malasia o Tailandia cuentan con soluciones que se adaptan tanto a sus piernas como a sus bolsillos.

Govindarajan comenzó a desarrollar este término cuando descubrió que muchos de los sofisticados inventos occidentales no llegaban a los países en vías de desarrollo por su elevado precio y complejo funcionamiento. En los años en los que estuvo al frente de la asesoría de innovación de General Motors, el gigante estadounidense desarrolló unaparato que realiza electrocardiogramas que sólo cuesta 500 dólares, frente a los 10.000 de los que encontramos en hospitales de Europa o EEUU. Además, su sencillo funcionamiento no obliga a que lo use un técnico especializado que también se encargue del mantenimiento. Se desarrolló pensando en las necesidades de India o África, pero se han vendido por millares en 125 países.

Ahora, son los innovadores de las regiones pobres del planeta los que diseñan sus propias soluciones tecnológicas por cuatro perras, perfectamente adaptadas a sus necesidades y exportables al primer mundo gracias a su eficiencia. “Debido a los bajos ingresos per cápita en el mundo en desarrollo, las condiciones son propicias para innovaciones que ofrecen una calidad decente a un precio ultrabajo, es decir, una solución del 50%, a un coste del 5%. Al principio, una solución del 50% es poco atractiva en el mundo rico, pero con el tiempo el rendimiento se eleva hasta que finalmente también le resulta atractivo”, escribe Govindarajan.

Los ejemplos comienzan a desarrollarse como setas tras la lluvia, como sistemas de telemedicina por SMS desarrollados en África que ya se están empezando a estudiar en EEUU por su eficacia y ahorro. En India ya se usan pañales con sencillo chip que diagnostica enfermedades mortales al entrar en contacto con las heces de los bebés. Recientemente, un invento del argentino Jorge Odón para ayudar en los partos que se complican está ganando defensores y todo indica que jubilará para siempre los dañinos fórceps. “El dispositivo Odón, cuyo desarrollo cuenta con el apoyo de la OMS y que en estos momentos se encuentra en la fase de ensayos clínicos, ofrece una solución sencilla y de bajo costo para asistir los partos y proteger a las parturientas cuando se prolonga el parto”,aseguró Margaret Chan, directora general de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La innovación inversa, que nace entre pobres y deslumbra a ricos, comienza a encontrar su hueco en el mundo gracias al talento para hacer virtud de la falta de resursos. Y uno de los objetivos claves es, obviamente, el cuidado de la salud: es mejor inventar un nuevo método que adaptar uno traído de fuera.

“En general, han tenido más éxito los esfuerzos para diseñar nuevas tecnologías en lugares con escasos recursos que los intentos de adaptar tecnologías existentes eliminando las características más costosas o complejas”, exponían recientemente en la prestigiosa revistaScience las bioingenieras Rebecca Richards-Kortum y Maria Oden. Estas investigadoras de la Universidad Rice de Houston concluyeron, tras pasar un par de semanas en África estudiando sus sistemas sanitarios, que lo mejor es potenciar la innovación en estos países para que den solución a sus problemas.

Yendo un poco más allá del clásico “enseñar a pescar mejor que dar pescado”, Richards-Kortum y Oden diseñaron un programa que proporciona herramientas y conocimientos para la innovación en la salud en entornos de bajos recursos en los que el diseño entra en conflicto con carencias de electricidad y agua potable, escasez de fondos, falta de suministros, ausencia de usuarios capacitados e insuficiencia de políticas de innovación.

Por ejemplo, gracias a un aparato de respiración para la resucitación de recién nacidos, manual, autoinflable y que no necesita energía eléctrica, se ha reducido un 47% la mortandad de neonatos en Tanzania. En colaboración con la Universidad de Malaui, se ha desarrollado un aparato para el tratamiento de problemas respiratorios que cuesta 400 dólares y que proporciona los mismo cuidados que máquinas por las que se pagan hasta 6.000 dólares en EEUU, quince veces más.

Menos costoso pero no menos eficiente: Richards-Kortum y Oden cuentan que tras un año de evaluación clínica de cinco máquinas instaladas en un hospital de Malawi, no falló ninguna de ellas. Normalmente, en estos países se avería el 40% de los aparatos de respiración porque están diseñados para trabajar con flujos estables de corriente eléctrica y no con los picos imprevisibles de suministro que se dan en algunos puntos de África, como es el caso. También para África comienzan a desarrollarse aparatos para detectar la presencia del VIH que están a punto de cumplir con todas las recomendaciones de la OMS: barato (menos de cinco dólares), de fácil uso (que apenas requiere un entrenamiento previo), rápido y robusto (resultados en menos de una hora, sin requisitos especiales de temperatura, para el transporte o el almacenamiento) y que funcione sin necesidad de conectarse a la red eléctrica.



El punto más atractivo de estas tecnologías emergentes es que viajan en el sentido opuesto al habitual y pueden ayudar a hacer más fácil la vida de la gente, no sólo en países pobres, sino en todo el mundo gracias al ingenio que surge cuando falta todo lo demás. La revistaGlobalization and Health acaba de dedicarles un número especial en el que su director, Greg Martin, explicaba: “Estos estudios ilustran un ímpetu y un entusiasmo burbujeante (tanto a nivel individual como nacional) por empujar la salud mundial más allá de los estrechos límites del pensamiento tradicional. Somos conscientes de que hay un amplio movimiento mundial destinado a hacer efectivo el potencial real de los países de bajos y medianos ingresos para que contribuyan a los desafíos de los sistemas de salud de cualquier lugar. Tenemos que aprender, compartir y criticar los resultados emergentes para promover el aprendizaje bidireccional y avanzar con rapidez hacia un flujo de innovación 
verdaderamente global”.

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