lunes, 25 de noviembre de 2013

INVENTOS SIN FRONTERAS


Dicen de él en una noticia en la BBC que sigue siendo un hombre humilde pero orgulloso de sí mismo. El mecánico brasileño Alfredo Moser tiene el honor de haber inventado la manera de iluminar una vivienda sin electricidad. Para ello utiliza botellas de plástico llenas de agua y un poco de cloro. La luz se consigue por refracción de luz solar. Su idea podría implantarse en 1 millón de hogares en 2014, sin embargo, su invento no le ha hecho rico. El caso de Moser es tan solo la punta del iceberg de una corriente de inventores que piensan en cómo se puede aumentar la calidad de vida en los países pobres. En 2009 un joven de 15 años llamado Javier Hernández consiguió ganar el concurso Invent otorgado por la Fundación Lemelson. Imaginó un sistema a base de algas que satisfacía necesidades energéticas y alimentarias en lugares donde no había llegado el progreso. La creatividad también ha sido dirigida a solventar problemas sanitarios del mundo subdesarrollado, por ejemplo, a través de la motoambulancia, que se desplaza con más facilidad por los accidentados terrenos africanos, los audífonos que emplean energía solar o los inhaladores fabricados con bombas de bicicleta. Los inventos geniales de bajo coste son la obsesión de José Gómez Márquez que ha sido capaz de producir equipos médicos a través de piezas de juguetes. Su inquietud, por cerrar la brecha entre la innovación y y la aplicación en lugares de extrema pobreza, orienta el departamento de Innovaciones en Salud Internacional del Instituto de Tecnología de Massachusetts. En definitiva, todos estos nombres propios están empecinados en demostrar que la ciencia es clave para ganar la batalla contra la pobreza.

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